Para valorar lo ocurrido aquel 6 de noviembre de 1919 es imprescindible ponerse en situación. La más atroz y devastadora guerra que había conocido la humanidad acababa de terminar con la derrota de la potencia agresora, Alemania.
El imperio británico, junto con los aliados había vencido, pero pagando un precio enorme en vidas que se lloraban muy amargamente.
En un Berlín derrotado sobrevivía el ciudadano alemán a quien los más eminentes científicos británicos estaban a punto de convertir en leyenda, al reconocer que su teoría superaba a la del gran Sir Isaac Newton.
Celebremos ese momento estelar de la historia de la ciencia en el que triunfó la honestidad.