La ESA alcanzó un éxito enorme en los años 80 con la misión Hipparcos, que recopiló datos de unas 120 000 estrellas. Este logro abrió el camino para la misión Gaia, que aplicaría las mismas técnicas al estudio de 15 000 veces ese número de astros. Por primera vez se dispondría de una muestra significativa de las estrellas de la Galaxia. Gaia estaba destinada a recopilar medidas sobre distancia, posición, movimiento y brillo de una cantidad abrumadora de objetos, y hacerlo, además, con una precisión sin precedentes.
Gaia albergaba la cámara más grande jamás enviada al espacio. Dos telescopios superponían en el detector las estrellas de dos direcciones diferentes, para comparar sus posiciones con una precisión sin igual. Barrió muchas veces la esfera celeste para construir el mayor censo astronómico de la historia: asteroides del Sistema Solar, cuásares lejanos, estrellas del entorno solar brillantes o débiles... Este desgarbado sombrero giratorio radió a la Tierra, hasta su apagado en enero de 2025, más de 200 terabytes. Esos datos, procesados, se traducen en casi 2 petabytes, equivalentes a 250 millones de canciones que tardaríamos 1500 años en escuchar una sola vez.