La noche del 22 de octubre de 1707, las rocas destrozan barcos y los gritos llenan la oscuridad frente a las islas Sorlingas.
Más de un millar de marineros mueren allí mismo.
La flota británica regresa del fallido asedio al puerto de Tolón y cree encontrarse ya a la entrada del canal de la Mancha, cerca de casa. Pero tras una larga navegación por estima, forzada por el mal tiempo, su posición no es la que creen.
En esta época, navegar es un arte más que una ciencia, un juego de intuición contra el océano.
Y sin el cielo, nadie sabe realmente dónde está.