Arecibo se va, pero su mensaje continúa ...


Adiós al telescopio que nos hizo pensar en nuestra soledad en el Universo y albergar esperanza de que existan seres inteligentes, como nosotros, que sepan entender el mundo con las matemáticas. Seres con quienes contactar a pesar de la enorme distancia y tiempo que nos separan.

Varios accidentes que ponen en peligro la vida humana de las personas que operan y mantienen el radiotelescopio de Arecibo y el deterioro del cableado que sostiene la estructura secundaria en el aire junto al peligro de colapso de la gran estructura de la base han dado como resultado el desmantelamiento de este gran telescopio situado en Puerto Rico, uno de los más grandes del mundo y que tanto beneficio y descubrimientos nos ha ofrecido.

Hace 46 años, en 1974, se lanzó al espacio desde el radiotelescopio de Arecibo la primera comunicación con destino extraterrestre. Nuestro ADN, nuestra forma como ser humano, nuestro sistema solar y los productos bioquímicos de la vida junto al propio radiotelescopio fueron enviados en un mensaje binario desde Arecibo y viajan hacia el gran cúmulo globular de Hércules, M13 que contiene unos 300.000 soles. El mensaje se transmitió en 3 minutos pero llegará tras unos 25.000 años. Se trata de un pictograma formado por “ceros” y “unos” distribuidos en una tabla de 73 líneas con 23 caracteres por cada línea, lo que hace un total de 1679 Bits.

En la actualidad se usa el producto de dos números primos enormes para codificar claves de seguridad en internet, en este caso a los extraterrestres se les ha puesto una tarea sencilla, ya que 73 y 23 son números primos pequeños.

Esta transmisión se detectaría desde M13 si allí hubiera un gemelo del telescopio de Arecibo, con una antena de similar diámetro, 300 metros, y un proyecto equivalente a SETI, “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”, son muchas coincidencias, pero en un universo tan vasto como el que vivimos todo es posible.

La novela “Contact” de Carl Sagan, que se llevó a la gran pantalla con el mismo nombre, está inspirada en el trabajo de la astrofísica Jill Tarter que dirigió el proyecto HRMS de la NASA y que analizaba diez millones de radiofrecuencias utilizando radiotelescopios. Además fue directora del programa Phoenix cuyo objetivo era analizar los patrones de señales de radio.


Recomendamos para su recuerdo leer la novela “Contacto” de Carl Sagan o ver la película “Contact” de Robert Zemeckis con Jodie Foster.